07 diciembre 2017


MAÑANA DE MOCO DE PAVO
Ayer,dia de la Constitución el campo de mi pueblo se vistió de gala,de novia, aunque la Carta Magna más que novia es ya abuela, así que me fui al campo a celebrarlo y capté esta imágenes para que sus Señorias, nuestros representantes,dicen ellos, se enteren de que la gente del campo tiene que sortear estas mañanas gélidas,y las ovejitas sufriendo para darnos la leche, y sin caer una gota de agua. Habrá que beber vino a falta de agua
 
 
 
 
 
 
 
 
 

12 octubre 2017

La pilarica

Recordando a mi primo Adolfo




La Pilarica (12 de octubre)


 

 
Suena la jota en Zaragoza y no hay quien la contenga. Suena la jota porque es 12 de octubre y es mucho ser. Hoy no guarda silencio el Ebro al pasar por El Pilar. Hoy no hay silencio ni siquiera para rezar, pues se reza cantando y bailando como la jota manda
Igual que todas las saetas son para La Macarena, igual que todas las sardanas son para La Moreneta, igual que todas las sevillanas para la Virgen del Rocío, la Blanca Paloma e igual que todas las cantigas, que son las canciones de cuna del castellano, son para todas las Vírgenes castellanas, que son todas, exactamente igual para la Virgen del Pilar, la Pilarica, todas las jotas aragonesas. Lo he dicho y seguiré insistiendo: en España a la Virgen se le reza cantando y bailando. Se trata de una oración muy particular y muy santa, llena de temperamento y alegría, llena de devoción y hasta de piropo. Y hoy es doce de octubre y hoy Zaragoza bulle, como toda España, de alegría sagrada.


Dicen que la Virgen llegó hasta Zaragoza para visitar a Santiago. En carne moral. O sea, que más que aparición, se trata de encuentro. Eso es lo que la tradición asegura y lo que las Crónicas de Aragón, firmadas en 1499, narran. Y tal creencia no hay quien se la quite a los mañicos. Llegó María hasta Zaragoza, en carne mortal, conversó con Santiago de esas cosas familiares que quizá hubiesen quedado pendientes tras la muerte y resurrección de Jesús. Santiago se dirigió, como ya se sabe, por los lados de Galicia, y a ellos retornó después, ya muerto, y hoy lo resucitan todos los días los peregrinos que transitan todos los caminos del mundo para volver a los viejos tiempos.
Ya debía ser bastante mayor la Virgen cuando vino a Zaragoza al encuentro con Santiago. Se dice que esto ocurrió en el año cuarenta. Quizá importen poco estos datos. Lo que importa es que en Zaragoza está el Pilar y de ese pilar ya no hay nadie que mueva a la Virgen.


El Pilar es el primer templo del mundo dedicado a la Virgen, y esto constituye una primicia envidiable. De entonces para acá todos los caminos se han llenado de templos, ermitas, catedrales, basílicas para honrar a la Madre de Dios. Pero ya no hay quien le quite a Aragón esta primicia.
El más popularizado de los milagros que se cuentan teniendo como protagonista a la Virgen y a su Pilar es el del Cojo de Calandra. Fue en 1637 cuando al buen hombre tuvieron que amputarle una pierna. Cómo tres años después la pierna volvió a aparecer en su lugar, es milagro que nadie explica. Pero algo debió de ocurrir, pues aseguran que el hombre terminó sus días caminando con sus dos piernas, como si nada. No hay por qué decir que tal portento tiene como protagonista a la Virgen y al templo. Los pormenores del acontecimiento varían, pero eso tampoco es obstáculo para que el Cojo de Calandra, 1637, pase a formar parte de esa creencia de caminantes que siguen siempre los pasos de los caminantes primeros. Ahí la Virgen en Zaragoza. Ahí Santiago en Compostela.
Hoy es día de júbilo por muchas razones, incluida el de la hispanidad, el del descubrimiento de un mundo ignorado, el del acercamiento de las culturas, el de todas esas cosas que se sustentan en este encuentro de la Virgen con Santiago. Hoy es el día de la jota mariana, de la España mariana, de la algarabía y de los maños. Porque, en este particular, maños somos todos.


 

22 agosto 2017

Cuando el protagonista es el pueblo


 

 
 
 
Recuerdo aquellos años de mi niñez cuando en La Zarza se celebraban los carnavales, o las Madrinas, o el Corpus, entre otras festividades. Era el pueblo, sus gentes, los protagonistas, cantando y bailando, disfrazados o no durante los carnavales (“antrojados”, decíamos), algarabía que desfilaba calle arriba, calle abajo. Uno tocaba un acordeón de madera medio destartalada, otro bailaba una jota, a veces mal bailada, pero eso era lo de menos, otro contaba un chiste, y entre chochos o entremozos, (altramuces), como decíamos, obleas, bizcochos y trago de vino, iba pasando la fiesta.
El pueblo debe ser siempre el protagonista. Así ha ocurrido siempre. Porque no es lo mismo cuando  en el espectáculo son los de afuera, (orquestas, tamborileros etc)  los protagonistas.
Recuerdo los años de la emigración, en Paris, cómo nos organizábamos los españoles para disfrutar de nuestra España tan lejana, creando centros de ocio para encontrarnos, comer y beber, cantar y bailar. Así surgieron la Casa de Valencia, El Hogar gallego, el Extremeño, y tantos otros centros que costeábamos pagando una cuota. Nada hay que esperar de los políticos, me refiero a los de las altas esferas, no a los alcaldes de un pueblo o aldea que se esfuerzan (sin dejar deudas para el siguiente regidor), para que su pueblo, sus gentes, sigan disfrutando de las fiestas tradicionales.
El pueblo siempre debe ser el protagonista, porque entre otras cosas, al actuar se lleva para siempre el recuerdo de lo vivido, los aromas, los sonidos, ya sea participando en una obra de teatro, como actor o como espectador disfrutando con los suyos, ya sea cantando, celebrando el pasacalles jaranero, ya sea participando en actos culturales, cada cual con su instrumento de música, como venimos celebrando desde hace dos años etc.

Por eso me he alegrado al ver a nuestra excelente tamborilera, Isabel, animando la fiesta de las Madrinas, y cómo no, al grupo de bailaoras espontáneas de la jota charra, ahí en el juego de pelota, como toda la vida, con la diferencia que ahora ya no se levanta polvo porque el pavimento ya no es de tierra, sino de cemento.
Las generaciones pasan, pero el espíritu de la fiesta pervive.
Que así sea para siempre.

 

 

 

09 agosto 2017

Generaciones que hacen pueblo


                                     
Las vísperas de San Lorenzo, nuestro patrón, nos devuelve el frenesí  del que  siempre hizo gala cada generación. Solo cambian las formas, porque la ilusión, las ganas de divertirse, cantar, bailar, comer y beber  como Dios manda, es decir ; sin exceso, han sido desde los tiempos más remotos  los ingredientes específicos  de la especie humana.
Los más jóvenes, aquellos que entorno a los diez años han dejado atrás los deberes escolares, se afanan en  sus ensayos primerizos a montar su peña.
    —Voy a limpiar un poco el portalón de la tenada—, me dice Clarisa, aquí los chavales están más a la vista, porque querían instalarse demasiado en las afueras, en el Camino Masueco,  y a esta edad hay que controlarlos.
Al día siguiente paso por esta calle donde no hay casas, solo huertos y varias tenadas y allí veo a los chavales, el portalón de chapa de la tenada abierto y los ellos cómodamente arrellanados en sillones, cual jeques árabes,  escuchando música, saboreando pletóricos, en su bautismal iniciación, los placeres  presentes que serán plenos en un futuro. Un chaval me dice “hola”, esperando respuesta, y yo le digo que me gusta cómo se divierten.
Sigo caminando y de repente me asedian los recuerdos de un tiempo lejano por estas fechas.


En mi mente perdura con toda nitidez aquel “día de disfraces” . En la foto se puede apreciar Adolfo y mi hermana Montse, Angelines o María Ángeles y yo vestidos de sanitarios , Isidoro y Sagrario y asi sucesivamente. Felicidad, imaginación, juventud en todo caso a raudales; fue el principio de una época, los inicios de los setenta con don Miguel Ruano, nuestro sacerdote que supo extraer lo mejor de la juventud, dinamizando las fiestas de San Lorenzo con infinidad de actividades. Se creó el Teleclub y la Zarza vivió durante la estancia del párroco su mayor época de esplendor después  de dos largas  generaciones en tiempos de Doña Anita.

Fue pues, nuestra participación,  el inicio del espíritu de  las “peñas” que se ha ido consolidando año tras año.

Esta mañana he disfrutado con estos chavales, Joel, Laura entre otros, en sus inicios de lo que será el relevo generacional. Cuarenta y cinco años han pasado desde aquella foto de los disfraces. Por eso me he alegrado, porque en un tiempo sombrío en cuanto a la despoblación de nuestra zona rural,  de la que los políticos no quieren saber nada, las fiestas de San Lorenzo perdurarán, a pesar de todo, porque siempre volverán los hijos y los nietos, y los nietos de los nietos, y así hasta el final de los tiempos.
Estos adolescentes que están disfrutando en la tenada con su barra improvisada con bloques de cemento, con sus bebidas de Coca-Cola, Fanta y otros refrescos, están, sin saberlo, tejiendo uno de los momentos más felices de su infancia lejos del mundanal ruido de las ciudades.
Llevarán las sensaciones propias de este lugrar: los aromas de los huertos, los de la propia nave donde disfrutan, los sonidos del reloj del Torreón, de las campanas en la procesión, las risas y la algarabía; las suyas  y las del resto, los aromas culinarios y el frescor gratificante del dormitorio en este verano hasta ahora tan caluroso







Ellos, como Lorenzo, nieto de Maria Ángeles, el más joven de la charanga en sus pasacalles, guitarra en ristre, se encargarán de transmitir esas sensaciones a los suyos cuando a su vez les toque asumir el papel de padres de familia. De suerte que nuestra fiesta seguirá llamando a los zarceños alejados del lugar para seguir perpetuando y honrando a nuestro Patrón.

  

      

 

 

02 julio 2017

El ocre de mi pueblo


Cuando llega el verano, y este año mucho antes debido al calor sofocante de primeros de junio, el campo de nuestro pueblo adopta el color ocre.
Solo escobas, robles y zarzales que son las plantas autóctonas por excelencia, motejan el campo con su verde inalterable: verde guardia civil, las escobas, el roble con el suyo propio salpicado del verde bellota y en la zarza asomando en ella el verde gris mora primeriza hasta negrear cuando madura.
Estos colores nos recuerdan el paso del tiempo. Nos recuerdan que se acerca San Lorenzo y con él los frutos maduros: la sandía  y el melón para refrescar, entre otros.
Asi es que el ocre del estío de mi pueblo es solo un paso necesario para recoger los frutos de verano y prepararse para sementera que apagará el ocre para tornarse verde maraojo.
De modo que entre el ocre del estío y el verde maraojo, vamos caminando.